Yo siempre solía decir que era una persona reacia a mostrar mis sentimientos. Que me gustaba mi caparazón y que si me refugiaba ahí dentro jamás nadie podría herirme. Oh sí, claro que lo pensaba. No me fue mal dentro de este mismo, ni mucho menos. Pero me he cansado de intentar aparentar el estar feliz, cuando lo único que tengo son ganas de llorar. Me he cansado de tener que poner una sonrisa falsa cada vez que veo a alguien al cual odio. Me he cansado de elegir rojo, cuando siempre he querido escoger el amarillo, por el miedo al qué dirán. Sin más dilaciones, podría decirse que me he cansado de no expresar lo que siento, por miedo, siempre por miedo. Y la verdad, ¿qué cojones me importa que la gente sepa que me pasa? Igual me miran con mala cara, diciéndome que soy idiota, rara, imbécil; diciéndome que no debería sentir lo que siento. Pero me da igual, son mis sentimientos. Están ahí lo quiera o no. Soy una persona más en este ridículo mundo, y tengo derecho a gritar a los cuatro vientos lo que me dé la gana. Si quiero gritar que te quiero, pues lo grito, si quiero vociferar que te odio, pues lo haré. Si quiero chillar que te echo de menos, no dudes en que no tenga problema por hacerlo. Si quiero mandarte a la mierda, pues por mi encantada de hacerlo. Puede que así pierda la fuerza que yo consideraba que adquiría gracias a esto. Pues bien, adiós fuerza. Me cansé de ti. Pienso sufrir, amar, llorar, reír, perder, ganar. Pienso odiar, insultar y mismo gritar. Pero nunca me pienso callar nada. Así que prepárate mundo, porque ahí voy, y no será fácil domar a una fierecilla como yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario